NUESTROS FUNDADORES Y LA PAZ




21 DE SEPTIEMBRE CELBRAMOS EL DIA INTERNACIONAL DE LA PAZ
Tantas guerras, tantas violencias …..COMO PODEMOS LUCHAR O MANTENER LA PAZ???
Quiero compartir lo qué decían sobre la paz nuestros fundadores: San Arnoldo Janssen, Beatas Josefa y Maria Helena.
Nuestro fundador San Arnoldo:
Arnoldo Janssen no desarrolló una “teología de la paz” como tema separado, pero sí trabajó intensamente por la unidad de los cristianos, la reconciliación y la oración por quienes estaban separados. Esto encaja muy profundamente con la idea de paz.
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La unidad: un camino hacia la paz
San Arnoldo tenía una especial preocupación por la oración de Jesús:
«Que todos sean uno.» (Jn 17,21)
Una reflexión de la propia tradición Arnoldus explica que este texto era especialmente significativo para él. Arnoldo promovió la oración por la unidad de los cristianos y ofreció Misas por la reconciliación entre cristianos separados.
Para San Arnoldo, la paz no comienza solamente cuando cesa una guerra; comienza cuando los corazones vuelven a encontrarse.
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La paz nace del corazón
Una de las frases fundamentales de San Arnoldo es:
«Viva Dios Uno y Trino en nuestros corazones y en los corazones de todas las personas.»
Es el lema que está en el centro de su espiritualidad y de la familia de San Arnoldo
Es muy hermoso para una reflexión sobre la paz porque significa: si Dios vive en nuestros corazones, estamos llamados a llevar esa presencia a los demás.
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La oración como instrumento de paz
Arnoldo confiaba muchísimo en la oración. En su preocupación por la unidad cristiana, no se limitó a hablar: organizó oraciones, promovió sacrificios y ofreció Misas por la reconciliación.
Por eso, para él, la paz no era solamente una tarea política o social. Era también una tarea espiritual: pedir a Dios que transforme el corazón humano.
Otra frase:
«¿Por medio de qué ganamos el favor de Dios? Debemos orar, porque lo que ofrecemos a Dios en la oración le es muy agradable: nuestra confianza filial, el reconocimiento de nuestra necesidad de ayuda y el ofrecimiento de nosotros mismos a Dios.»
Tiene una aplicación preciosa a la paz: primero reconocemos que no podemos construir la paz solamente con nuestras propias fuerzas; necesitamos a Dios y nos ofrecemos para ser instrumentos suyos.
Nuestras beatas cofundadoras:
La Beata Josefa Hendrina Stenmanns entendía la paz no como una simple ausencia de conflictos, sino como una profunda paz interior nacida de la unión con Dios y el silencio contemplativo. Como cofundadora de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo, su vida demostró que la paz se cultiva en el corazón y se manifiesta a través del amor fraterno y el servicio a los marginados.
Ejes de su espiritualidad sobre la paz
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Silencio y contemplación: A pesar de sus múltiples responsabilidades y la dirección de una gran comunidad, lograba mantener la calma interior mediante jaculatorias breves y la oración constante.
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Amor fraterno en la práctica: Sostenía que la verdadera paz comunitaria es imposible sin la caridad activa. Una de sus máximas principales señala que el amor que no se traduce en obras se enfría con rapidez.
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Mansedumbre y amabilidad: Tenía una capacidad única para corregir y guiar a las jóvenes religiosas con extrema dulzura. Esta actitud maternal le permitía resolver tensiones sin ofender ni quebrar la armonía de la comunidad.
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Disposición total («Pronto está mi corazón»): Su lema espiritual reflejaba una entrega incondicional a la voluntad divina. Esta aceptación absoluta de los planes de Dios era la fuente directa de su serenidad exterior.
La Beata María Helena Stollenwerk concebía la paz como el fruto directo de la sumisión absoluta a la voluntad divina y de un corazón manso, humilde y transparente. Para ella, la verdadera paz no dependía de las circunstancias externas ni de ver realizados los deseos personales (como su propio anhelo frustrado de viajar a las misiones de China), sino de encontrar el descanso interior en lo que Dios disponía para cada momento. [1, 2, 3, 4]
Ejes de su pensamiento sobre la paz
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La paz en la aceptación de la voluntad de Dios: Su pensamiento cumbre se resume en su frase más célebre: «Mi mayor deseo es hacer lo que Dios quiere y estar allí donde Él me quiera». Sostenía que la ansiedad desaparece cuando el alma descansa en la obediencia y la confianza providencial.
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Construcción de la armonía comunitaria: Como cofundadora, se esforzó por crear un ambiente de excelentes relaciones interpersonales entre las hermanas. Para María Helena, el Espíritu Santo era la fuente que unía los corazones, y afirmaba que la paz comunitaria se sostiene mediante la humildad y la paciencia diaria.
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Mansedumbre y transparencia: En sus oraciones y meditaciones personales, pedía constantemente la gracia de ser «paciente, mansa, humilde, sincera y veraz». Entendía que la paz interior se irradia hacia los demás cuando uno se convierte en una «transparencia» del amor divino.
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La paz nacida de la adoración en el silencio: Al final de su vida, pasó de la vida activa a la congregación de las Hermanas de la Adoración Perpetua (rama contemplativa). En este periodo, consolidó su visión de que la paz del mundo se sostiene desde el silencio sagrado ante el altar, consumiéndose en oración silenciosa por las misiones
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