Fiesta de Madre Maria

La Beata María Virgo

(Helena Stollenwerk) nació en Rollesbroich, Alemania, el 28 de noviembre de 1852. Ya cuando estudiaba en una pequeña escuela primaria comenzó a leer con entusiasmo los boletines de la Asociación de la Santa Infancia en su tiempo libre. Estas publicaciones despertaron en ella la decisión de ayudar a los niños de China. A los veinte años trató de seguir su vocación, pero no encontró en Alemania ningún convento que enviara hermanas misioneras a China. Por muchos años buscó en vano la dirección de un convento con esas características.

Durante una visita a Steyl supo que Arnoldo Janssen veía la necesidad de fundar una congregación de Hermanas Misioneras, aunque no se sentía capaz de prometer que lo haría en el futuro cercano. Arnoldo le ofreció trabajo en la cocina de la Casa Misional. Treinta años contaba María Helena cuando aceptó el ofrecimiento, esperando lograr de esta manera su cometido.

Dos años más tarde, en 1884, se le unió Hendrina Stenmanns, de Issum en la Baja Renania alemana. Durante los primeros años, las dos mujeres trabajaron en la cocina y lavandería, y vivían en una casa pequeña, sumamente sencilla. Más tarde, las dos mujeres se mudaron a un convento cercano que había quedado desocupado. El 8 de diciembre de 1889 Helena, ahora Madre María y superiora general, fundó con Arnoldo Janssen las Hermanas Misioneras. Fue entonces que realmente comenzó el desarrollo de la Congregación de las “Siervas del Espíritu Santo”, como se llamaban oficialmente. La creciente comunidad envió a las primeras Hermanas a la Argentina en 1895, y pronto otro grupo fue enviado a Togo. En apenas siete años la congregación contaba 100 hermanas.

Arnoldo Janssen consideraba a la oración como un apoyo esencial para la obra misionera. Ya hacía tiempo que ponderaba la necesidad de una tercera rama, contemplativa, de su fundación. Así, el 8 de diciembre de 1896 entregó a las primeras Hermanas Adoratrices su hábito rosado. En 1898 la Madre Maria pasó a la nueva congregación, como novicia, con el nombre de Hermana MaríaVirgo. Habría preferido permanecer con las Hermanas Misioneras, pero respondió con generosidad cuando Arnoldo Janssen le pidió dar este paso. El sueño de Helena, de ir al gran país de la China, nunca se cumplió.

En 1900 se enfermó de Meningitis Tuberculosa. En su lecho de muerte fue admitida a los votos como Sierva del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua realizando su profesión perpetua, falleciendo el 3 de febrero del mismo año a los 47 años de edad.

El 7 de mayo de 1995 fue beatificada en Roma por el Papa Juan Pablo II.

El lema de la Beata María Virgo era: “A Dios el honor, para mi prójimo el beneficio, para mí la carga”.

“Si en algún momento futuro sientes que las cosas se ponen difíciles, confórtate con el pensamiento de que, hay una Hermana delante del tabernáculo que, como Moisés en el Antiguo Testamento, alza por ti su corazón y sus brazos hacia el cielo”.