El 15 de enero – FIESTA DE SAN ARNOLDO JANSSEN
FUNDADOR de los Misioneros del Verbo Divino, de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo y de las misioneras de rodillas – Misioneras Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua….LOS MISIONEROS Y LAS MISIONERAS DE STEYL – HOLANDA
¿Qué nos enseña San Arnoldo?
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Arnoldo Janssen no sólo fue captado y tensado por el Verbo Divino, sino que
poseía también una extraordinaria devoción por el Espíritu Santo. La misma le
venía en parte de su propia y personal inclinación. De hecho, la espiritualidad
centrada en el Espíritu de nuestro Fundador comenzó en el seno de su familia;
su padre tenía una profunda devoción por el Espíritu Santo, y en su lecho de
muerte hizo prometer a sus hijos que seguirán su costumbre de asistir y dedicar
la Misa de los Lunes a su honra. En la propia vida de San Arnoldo, el Espíritu
Santo ocupó un sitio siempre relevante.
Comprendió que el poder y la exigencia de la Palabra de Dios deviene en la
potencia del Espíritu. Llegó a ver claramente que el Verbo Divino envió al
Espíritu para hacer precisamente de la Palabra del Padre una Palabra eficaz y
dinámica, uniéndolo al Verbo Divino y, por su intermedio, al Padre. Estas dos
grandes devociones -al Verbo Divino y al Espíritu Santo- es el aporte
prototípico de Janssen a su espiritualidad.
Cuando llegó el tiempo de fundar la Congregación de las Hermanas, su visión
había madurado tanto que no veía ninguna incongruencia en llamar a una
Congregación «Verbo Divino» y a la otra «Siervas del Espíritu Santo». Por el
contrario, así se expresaba más profunda y fundamentalmente su perspectiva de
la misma misión de Cristo, el Hijo. Este modo explícito de expresar la unión del
Verbo Divino y del Espíritu Santo, es la contribución característica del Padre
Arnoldo y muestra cuán honda era su idea teológica al respecto.
«Rogué al Espíritu Santo quiera iluminarlos y fortalecerlos a todos ustedes y
unirlos con el vínculo del amor, así como Él responde a la voluntad del eterno
Padre de amor. ¡Quiera bendecirnos a todos y concedernos aquellas virtudes
que espera de nosotros!»
San Arnoldo aprendió a escuchar la voz del Espíritu Santo que habla en lo
cotidiano, en las situaciones concretas y, como respuesta, fue capaz de dejarlo
obrar en y a través de su frágil humanidad. Caminar dócil al Espíritu le implicó
vivir en permanente discernimiento.
Este rasgo de santidad de San Arnoldo: ¿Qué evoca en mí? ¿qué tiene que ver
conmigo?

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